Título original: “Koto”
Autor: Yasunari Kawabata
Editorial: Emecé
Año de publicación: 1962
Cantidad de páginas: 210.
Ya es de público conocimiento cuánto me gusta la literatura japonesa. Aunque disfruto leyendo narrativa variada, de vez en cuando es un placer seleccionar una obra oriental. De a poco, quiero ir leyendo todo lo que consiga de Kawabata. Es un autor que realmente me atrapa.
En este caso, Kawabata nos traslada a Kioto, la antigua capital de Japón. Este es el escenario de la historia de Chieko, joven adoptada por Taikichiro y Shige, dueños de un importante mayorista de telas y diseños para kimonos. El pasado de la joven veinteañera se reviste de un gran misterio. Sus padres cuentan diferentes versiones sobre su adopción: por un lado está la versión del abandono en el Santuario de Geian y por otro, la del robo de un bebé en el afán por tener un hijo.
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| Santuario de Geian en la ciudad de Kioto, Japón |
Chieko crece en el seno de una familia que nada le hace faltar. Sin embargo, cuando cumple veinte años encuentra casualmente en los cedros de Kitayama a una joven idéntica a ella. Naeko es su hermana melliza.
El destino, la identidad, son temáticas fuertes que se llenan de vigor en esta novela que es acompañada constantemente por la fuerza de la naturaleza. Nunca he leído una obra en la que el paisaje cobre tanta importancia. La vegetación, el cielo, las montañas, las flores, todo cobra un vivo protagonismo. El clima realza las emociones, es muy profunda la escena de la tormenta en la que las dos hermanas se funden en un abrazo protector como si estuvieran en el vientre materno.
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| Bosque del cedro de Kitayame en zonas aledañas a Kioto |
A través de la mirada de Chieko recorremos los jardines de Kioto, sus rituales, festivales, vestimentas…Todos los sentimientos de la joven se renuevan con cada estación del año y se identifican en algún punto con un elemento del entorno:
“Los cedros son tan erguidos, rectos y bellos. Querría que los corazones humanos crecieran de esa manera…”
Este no es un relato de amor, aunque subyace dentro de la historia, tampoco tiene un final funesto, no hay muerte ni tragedia. Aquí sobresale el encuentro fraternal entre dos personajes que son iguales pero a la vez muy diferentes. Cuando terminé la novela tenía la sensación de haber viajado a otra tierra. Además de un final repleto de realismo me quedó la imagen de las violetas, de los altos cedros, de los capullos rojos de cerezos, de los bosques de bambú, de los “arbustos de andrómeda” repletos de capullos blancos… Kawabata siempre consigue hacerme trascender tiempo y espacio y llevarme a su tierra inmersa en un viaje literario...
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| "Pieris japoneica", clásico arbusto repleto de flores blancas |






